Tus libretos, del largo que necesitas y en tu voz.
El agua, no el grano60s · 127 palabras
Tu café no sabe amargo por el grano. Sabe amargo por cuatro grados.
Llevas años comprando grano más caro para arreglar un problema que no está en el grano. Está en el agua que le echas encima.
El punto donde el café entrega su dulzor está entre 90 y 96 grados. El agua hirviendo llega a 100. Esos cuatro grados de más queman los compuestos dulces antes de que alcancen a salir, y lo único que queda es el amargo. Por eso el segundo trago siempre sabe peor que el primero: la taza sigue caliente y la extracción sigue corriendo.
No necesitas termómetro ni una cafetera nueva. Apaga el agua, cuenta hasta treinta, y sirve. Treinta segundos bastan para bajar esos cuatro grados.
Mismo grano. Otro café.